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Opinión

Tributos sin atributos

Hacer una reforma tributaria no puede contener inmerso el riesgo de generar más inequidad, inconformismo o desanimo en los ciudadanos.
Por: Óscar Barreto Quiroga

 

Mencioné en alguna de mis columnas anteriores la necesidad que tienen los gobiernos de adelantar reformas tributarias, que les permitan obtener recursos para lograr los fines esenciales de sus propuestas de gobierno, igualmente manifesté que todos los gobiernos las han hecho y que el actual no sería la excepción.

Durante varios días y después de conocer y estudiar el borrador de la propuesta inicial del gobierno se ha desatado en la opinión pública y al interior de los partidos políticos, sendas inconformidades y discusiones, que ojalá el gobierno tome y sepa administrar a fin de llevar a feliz puerto, en términos de equidad dicha reforma.

El mismo gobierno ha hablado de recesión y ese solo pronunciamiento ya endurece el momento en el cual se presenta esta reforma tributaria, pues en una recesión en términos técnicos de economía, se afectan todos los factores productivos por igual: las empresas, los trabajadores, los consumidores y los clientes. Sin excepción todos, sufren en una u otra proporción las consecuencias de las restricciones o pérdidas causadas, en ese contexto entonces es sano advertir que, se deben cuidar los sectores más vulnerables en términos sociales, no se pueden afectar derechos en términos de legalidad constitucional como los son, por ejemplo, las pensiones.

Entiendo que una transición energética es necesaria, pero no puede darse de manera brusca sin que se tenga clara y prevista la sustitución de la renta que producen tan importantes sectores como el de los hidrocarburos, se hace imperioso no seguir afectando la clase media, así como también avanzar en el fortalecimiento apoyando sectores tan importantes, como el de la producción agrícola, el turismo y todos aquellos que generen riqueza y empleo para los colombianos.

Hacer una reforma tributaria no puede contener inmerso el riesgo de generar más inequidad, inconformismo o desanimo en los ciudadanos, la informalidad del país debe combatirse pensando no como la acabamos, sino como adaptamos el Estado y la institucionalidad a esas economías de supervivencia, que ha tenido que asumir el pueblo colombiano para comer, dormir y educar a sus hijos.

El país tiene como ser rico en medio de tanta riqueza, hay muchos otros países que nos demuestran permanentemente como ser ricos en medio de la pobreza, pongámonos de acuerdo en el progreso, en la equidad y manos a la obra.